El pasado jueves 16 de abril, alumnos de 1.º de Bachillerato de varios institutos públicos de la diócesis participaron en una hermosa peregrinación al Rocío organizada desde la Delegación Diocesana de Educación Católica y Cultura Cristiana. Fue una jornada luminosa, profundamente sencilla y, al mismo tiempo, llena de hondura espiritual, en la que muchos jóvenes pudieron volver a encontrarse con el Señor y ponerse a los pies de la Virgen del Rocío, la Blanca Paloma.
En esta peregrinación participaron alumnos de los institutos IES Álvar Núñez (Jerez), IES Fernando Savater (Jerez), IES La Granja (Jerez), IES Lola Flores (Jerez) y IES Nuestra Señora de los Remedios (Ubrique). Desde primera hora de la mañana se respiraba un ambiente de ilusión, compañerismo y búsqueda interior. El encuentro comenzó a las 11:00 horas, a varios kilómetros de la Basílica, y desde allí los jóvenes iniciaron el camino a pie hasta la ermita. Aquel tramo compartido, bajo el cielo abierto y entre conversaciones, cantos, silencios y alegría juvenil, fue ya en sí mismo una experiencia muy significativa: caminar juntos hacia María, caminar juntos hacia Cristo.
A las 12:00 horas comenzó la celebración de la Palabra en la ermita del Rocío, abarrotada de jóvenes, en un marco verdaderamente impresionante, a los pies de la Virgen. La celebración estuvo presidida por Pedro Yedra, delegado diocesano de Educación Católica y Cultura Cristiana, quien animó a los alumnos a dejarse tocar por Dios en un momento tan especial.
Durante la celebración, cada instituto presentó su ofrenda a la Virgen, en un gesto cargado de fe, cercanía y sencillez. La Palabra de Dios proclamada invitó a los jóvenes a ser “sal y luz de la tierra”, una llamada preciosa y exigente que resonó con fuerza en el corazón de todos.
En la homilía, Pedro Yedra exhortó a los alumnos a convertirse en “ángeles” en medio de sus centros educativos, especialmente para aquellos compañeros que más sufren, que se sienten más solos, más desorientados o menos queridos. Ser ángel —les decía— no es algo extraño ni lejano, sino aprender a hacerse presente en la vida de los demás con bondad, con delicadeza, con una palabra que levanta, con una amistad que acompaña, con una mirada limpia que no juzga y con una valentía serena para hacer el bien.
Además, profundizó en la imagen evangélica de la sal y la luz. Les recordó que la sal, aunque pequeña, tiene un valor inmenso: da sabor, conserva, transforma. Así también cada joven cristiano está llamado a aportar algo bueno, verdadero y bello allí donde vive. No hace falta ser el más fuerte, ni el más popular, ni el que más ruido hace. Hace falta tener dentro una luz encendida. Y esa luz es Cristo. Cuando un joven vive con verdad, cuando no se avergüenza del bien, cuando ayuda, cuando perdona, cuando no se suma a la burla, cuando defiende al débil, cuando evita la crueldad disfrazada de broma, entonces está siendo luz. Y cuando da sentido, esperanza y humanidad a lo que le rodea, entonces está siendo sal.
Tras la celebración, los participantes compartieron un tiempo de convivencia, visitaron la aldea y pudieron disfrutar de un ambiente fraterno y distendido. Además, muchos de los jóvenes aprovecharon la ocasión para celebrar el sacramento de la reconciliación, ya que el confesionario permaneció disponible. Este detalle, aparentemente sencillo, fue en realidad uno de los signos más hermosos de la jornada. Para algunos de ellos hacía mucho tiempo que no asistían a una celebración religiosa o que no se acercaban a la confesión. Por eso puede decirse, sin exagerar, que lo vivido en esta peregrinación ha sido un verdadero tiempo de gracia.

Los alumnos de primero de bachillerato de la red pública caminando hacia la ermita.
Mención absolutamente especial merece la Hermandad del Rocío de El Puerto de Santa María, que un año más ha cedido de manera totalmente desinteresada, generosa y ejemplar su casa de hermandad para acoger a los peregrinos. Su colaboración ha sido inmensa, providencial y profundamente evangélica. No solo han abierto una casa: han abierto el corazón. Han hecho posible, con una entrega admirable y callada, que tantos jóvenes de institutos públicos pudieran vivir esta experiencia de fe, de Iglesia y de encuentro con la Virgen.
Desde la Delegación Diocesana de Educación Católica y Cultura Cristiana queremos expresar un agradecimiento inmenso, emocionado y sincero a la Hermandad del Rocío de El Puerto de Santa María por esta disponibilidad tan noble, tan gratuita y tan llena de amor a la Iglesia. Su gesto tiene un valor pastoral enorme. En una sociedad en la que tantos jóvenes viven lejos de la experiencia creyente, ofrecer espacios, tiempo, acogida y cariño para acercarlos al Señor y a su Madre Santísima es una obra verdaderamente preciosa. Los propios alumnos, al conocer la generosidad de la Hermandad, manifestaron con claridad su agradecimiento.

Grupo de profesores con los estandarte fabricados por los propios alumnos con el nombre de sus institutos.
Jornadas como esta muestran con fuerza que la clase de Religión sigue abriendo caminos de interioridad, de sentido y de encuentro; y que también en los institutos públicos hay un terreno fértil donde Dios sigue sembrando. El Rocío volvió a ser, para muchos de estos jóvenes, lugar de parada, de pregunta, de emoción y de vuelta a casa con el corazón tocado.




