El pasado sábado 13 de junio, los profesores de Religión de la red pública de la Diócesis de Asidonia-Jerez celebraron su tradicional Encuentro de Final de Curso, una jornada marcada por la oración, la formación, la música, la convivencia y el agradecimiento por todo lo vivido a lo largo del año escolar.
En esta ocasión, el encuentro tuvo como escenario un lugar especialmente significativo: La Cartuja de Jerez. Un espacio de enorme riqueza espiritual, histórica y artística que ofreció a la jornada un marco verdaderamente privilegiado. No era un simple lugar de reunión. La Cartuja ayudó a situar el encuentro en una clave más profunda: la de la belleza, el silencio, la memoria creyente y la necesidad de seguir educando desde raíces hondas.
La mañana comenzó con la acogida de los participantes en un clima fraterno y cercano. El café compartido, los saludos después de un curso intenso y la presencia de los distintos stands editoriales permitieron iniciar la jornada con ese tono sencillo y familiar que tanto bien hace al profesorado al final de curso. Porque estos encuentros no son solo actos programados; son también espacios para reconocernos, agradecer, descansar un poco el alma y recordar que no caminamos solos.

Una Eucaristía para dar gracias por la vocación recibida
El centro de la jornada fue la celebración de la Eucaristía. En ella participaron activamente un grupo de profesores de Religión, colaborando en los cantos, las lecturas y los distintos momentos de la celebración. Fue una Eucaristía cuidada, sencilla y profundamente significativa.
Celebrar juntos la fe al final del curso tiene un valor especial. Después de meses de clases, reuniones, evaluaciones, dificultades, alegrías, dudas y pequeños logros, la comunidad de profesores se reunió para poner todo en manos del Señor. La enseñanza religiosa escolar no es únicamente una tarea académica; nace de una vocación, de una llamada y de una misión eclesial al servicio de los niños y jóvenes.
En la celebración resonó con fuerza la invitación a mirar el curso con los ojos de María. Ella, que guardaba y meditaba todo en su corazón, nos recuerda que educar es sembrar muchas veces en silencio, sin ver resultados inmediatos, pero confiando en que Dios hace crecer aquello que se entrega con amor. Esa es, precisamente, una de las grandes verdades de la educación: los frutos más importantes no siempre se ven al instante.
El profesorado de Religión sabe bien que su tarea se desarrolla, muchas veces, en contextos complejos. Sin embargo, sigue teniendo el privilegio inmenso de pronunciar el nombre de Jesucristo en medio de la vida escolar, acompañando preguntas, despertando sentido y ofreciendo una mirada creyente sobre la existencia.

Nico Montero: la música como lenguaje de fe y esperanza
Tras la Eucaristía, María Luisa presentó a Nico Montero, que ofreció a los asistentes una magnífica conferencia-concierto. Su intervención, titulada en la convocatoria “El poder de la música cristiana”, fue uno de los momentos más intensos y emocionantes de la mañana.
Nico Montero no solo cantó. Compartió vida, fe, experiencia y pedagogía. A través de sus canciones y de sus palabras, recordó que la música posee una capacidad única para abrir el corazón, tocar la memoria, despertar preguntas y acercar a Dios allí donde otros lenguajes quizá no llegan.
Para los profesores de Religión, esta clave resulta especialmente importante. En el aula, muchas veces no basta con explicar contenidos. Es necesario encontrar lenguajes que conecten con la experiencia real de los alumnos. La música, cuando nace de la verdad y de la fe, puede convertirse en camino de encuentro, en puerta abierta a la interioridad y en una forma preciosa de anuncio.
La conferencia-concierto permitió a los presentes cantar, escuchar, emocionarse y reconocer que la educación también necesita belleza. Una belleza que no distrae de la realidad, sino que ayuda a mirarla con más profundidad. En un mundo saturado de ruido, la música cristiana puede seguir siendo una forma humilde y poderosa de evangelizar.

Relicat: una herramienta al servicio del profesorado
Después de la intervención de Nico Montero, tuvo lugar la presentación de Relicat, a cargo de D. Pedro José Bonilla Alcaide, conocido también como el Maestro Pedro, coordinador de Relicat en la Diócesis de Málaga e impulsor de esta iniciativa en Andalucía.
Su presentación permitió conocer mejor las posibilidades de Relicat como recurso de apoyo, comunicación y dinamización para el profesorado de Religión. En un momento en el que la asignatura necesita visibilidad, coordinación y herramientas compartidas, propuestas como esta ayudan a fortalecer el trabajo común y a generar red entre docentes.
D. Pedro José Bonilla estuvo acompañado por Jaime Rafael, que coordinará Relicat en nuestra diócesis. Su presencia subrayó el deseo de que esta iniciativa pueda ir creciendo también en Asidonia-Jerez, al servicio de los profesores y de la propia misión educativa de la Iglesia.
La presentación no fue solo una explicación técnica. Fue también una llamada a seguir cuidando la identidad del profesorado de Religión, a compartir recursos, a apoyarnos mutuamente y a hacer visible la riqueza de una asignatura que aporta al sistema educativo una dimensión humanizadora, espiritual y cultural imprescindible.

La Cartuja: un patrimonio que nuestros alumnos deben conocer
Tras las actividades formativas, los participantes realizaron una visita a La Cartuja de Jerez. La visita permitió descubrir con más profundidad un lugar impresionante, cargado de historia, arte, espiritualidad y memoria.
La Cartuja no es solo un monumento. Es un espacio que habla. Habla de oración, de silencio, de belleza, de trabajo, de tradición y de fe encarnada en la historia de nuestra tierra. Por eso, uno de los sentimientos compartidos durante la visita fue claro: nuestros alumnos tienen que conocer este lugar en profundidad.
En una época en la que muchas veces los jóvenes pasan de largo ante el patrimonio religioso y cultural que les rodea, la clase de Religión tiene una oportunidad preciosa. Puede ayudarles a mirar con otros ojos aquello que forma parte de su propia historia. La Cartuja de Jerez es, sin duda, un recurso educativo de primer nivel para comprender la fe, el arte, la vida monástica, la historia de la Iglesia y la identidad cultural de nuestra diócesis.
Conocer estos espacios no es mirar al pasado con nostalgia. Es aprender a leer las raíces para comprender mejor el presente. Y en ese sentido, la visita a La Cartuja fue también una invitación a llevar a nuestros alumnos a encontrarse con la belleza de su propia tierra.
Convivencia en el claustro de los legos
La jornada concluyó con una comida en el claustro de los legos, en un ambiente de fraternidad, conversación y alegría compartida. Después de un curso intenso, poder sentarse juntos a la mesa tuvo un valor muy especial.
La comida no fue un mero cierre organizativo. Fue, de algún modo, prolongación de todo lo vivido durante la mañana. Porque también en la mesa se construye comunión, se comparten experiencias, se estrechan vínculos y se agradece el camino recorrido.
El Encuentro de Final de Curso volvió a mostrar la importancia de cuidar al profesorado de Religión, de generar espacios diocesanos de encuentro y de recordar que la misión educativa no puede vivirse de manera aislada. Necesitamos encontrarnos, rezar juntos, formarnos, cantar, conversar y reconocernos como parte de una tarea común.
La jornada en La Cartuja de Jerez dejó un sabor profundamente agradecido. Agradecimiento por el curso vivido, por la entrega de tantos profesores, por la presencia de quienes sostienen día a día la enseñanza religiosa en los centros públicos, por la música de Nico Montero, por la presentación de Relicat, por la belleza de La Cartuja y por la fraternidad compartida.
Termina un curso, pero no termina la misión. Como en toda buena siembra, ahora toca confiar. Muchas semillas han sido sembradas en el corazón de nuestros alumnos. Algunas crecerán pronto; otras, quizá, necesitarán tiempo. Pero ninguna semilla entregada con amor y fidelidad queda perdida ante Dios.




